martes, 25 de mayo de 2010

No actuemos como abogado del diablo


Dice Tom Kelley, en su siempre recomendable libro “Las diez caras de la innovación”, que el abogado del diablo podría ser el mayor asesino de la innovación en el mundo empresarial actual. Sostiene Kelly que cada día, estos “arruinaideas” cortan de raíz miles de ideas, conceptos y planes nuevos.

Esta mañana me he topado de nuevo con lo que todos nos hemos encontrado en más de una ocasión: alguien presenta en una reunión, con toda su ilusión y de forma fundamentada, una idea original, una propuesta creativa ... La propuesta gusta, comienzan aportaciones por parte del resto asistentes. Todo parece ir bien hasta que, de pronto, aparece el aguafiestas de turno que entona el “permitidme que haga de abogado del diablo ...” utilizando la expresión como ariete frente a la idea innovadora y, a su vez, como escudo que le previene de posibles respuestas hostiles, ya que no es él quien frena la innovación, simplemente está actuando, noblemente, como mensajero del diablo, ese ser maléfico tremendamente cualificado para opinar sobre nuestros negocios, proyectos o ideas.

En muchas ocasiones nosotros mismos, aun siendo emprendedores, nos convertimos en los abogados del diablo de nuestras propias propuestas e ideas. Frente a una idea creativa o una innovación (aún siendo propia) adoptamos la perspectiva más negativa posible, minusvalorando lo positivo de la idea, la transformación y beneficios que conlleva. Es más fácil adoptar la postura más cómoda, es mejor no arriesgar. Porque innovar es eso en gran medida: arriesgar. Por eso es un arma tan poderosa para transformar empresas, culturas y sociedades. Y por eso, precisamente, nos da tanto miedo.

2 comentarios:

  1. Creo que la clave la aportas tú mismo al final del comentario. Todo gira en torno al “valor”. Como dicen los americanos “el miedo es un ladrón de sueños”. Es muy fácil criticar desde el sillón, sin arriesgar nada. Lo difícil es reunir el valor necesario para poner todos tus ahorros en lanzar tu idea o negocio. Leo, recientemente, en un libro sobre emprendedores (“Entrepreneurship” de Alex McMillan), el punto de vista que presenta, precisamente, el lado positivo del problema (traduzco libremente): “Emprender va más de agallas que de cerebro. Lo bueno del asunto es que hay miles de cerebritos ahí fuera que nunca tendrán el valor de lanzar su propio negocio, así que nuestra competencia se reduce bastante. Es por eso por lo que hay innumerables oportunidades para los emprendedores […] Estoy convencido de que existen miles de ideas con el potencial de eBay, Google o Virgin y que no se han convertido en negocios porque sus creadores no tienen las agallas suficientes como para lanzarlas”.

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  2. Agallas y cerebro no son incompatibles, aunque bien es cierto que encontrar la justa "mezcla" entre ambos ingredientes no es fácil. Esta misma mañana escuché hablar a un director de RR.HH. sobre la fina línea que separa al emprendedor del loco, en alusión a aquellos que emprenden sin ser muy rigurosos con el compromiso en torno a los resultados económicos del negocio y el presupuesto.
    Precisamente, en mi post del 4 de mayo "Estrategia ¿vs? acción" quise incidir en la importancia de actuar, de lanzarse y de no dejar que el análisis nos paralice. Me alegra comprobar que somos unos cuantos los que así pensamos. Hay que actuar (con cabeza).

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